Lo que el olvido no se llevó

Aunque este es un blog dedicado a la música, quiero hacer un recordatorio sobre una breve parte de este período atroz que atravesó Argentina entre 1976 y 1983.

Para que no olvidemos a los que lucharon por un país libre y sin represión.

Para que NUNCA MÁS se repita.

Por: Magdalena Bombig

“La memoria despierta para herir a los pueblos dormidos que no la dejan vivir libre cono el viento” León Gieco, “La Memoria

Hace 38 años un grupo de mujeres desesperadas por conocer el paradero de sus hijos, secuestrados durante la última y más cruel dictadura militar de la historia argentina, creó lo que hoy se conoce como Madres de Plaza de Mayo. Esta organización tuvo el fin de localizar a sus familiares que habían sido arrancados de su libertad sólo por pensar diferente. Hasta el día de hoy sigue la lucha de estas mujeres, de estos ejemplos de personas que no bajan los brazos y siguen batallando contra el genocidio que les tocó sufrir a miles de argentinos durante seis años.

Entre el 8 y el 10 de diciembre de 1977 un grupo comando liderado por el represor Alfredo Astiz secuestró a 12 personas que formaban parte de una agrupación que luchaba por los derechos humanos en busca de sus familiares desaparecidos, en la Iglesia Santa Cruz. Astiz logró este cometido ya que se infiltró en el lugar bajo el nombre de Gustavo Niño, e inventó que deseaba dar con el paradero de su hermano que se encontraba preso clandestinamente. El déspota se había ganado la confianza de todos, con la intención de obtener la información necesaria para saber quien significaba un peligro para “el proceso de reorganización nacional” y así eliminarlos.

Las víctimas del “ángel de la muerte” fueron marcadas con un beso en la mejilla, y fueron 12 : Azucena Villaflor de Vicenti (fundadora de Madres de Plaza de Mayo), Esther Ballestrino de Careaga, María Ponce de Bianco (integrantes de Madres de Plaza de Mayo), las monjas francesas Alice Domon y Léonie Duquet, y los activistas de derechos humanos Ángela Auad, Remo Berardo, Horacio Elbert, José Julio Fondevilla, Eduardo Gabriel Horane, Raquel Bulit y Patricia Oviedo.
En una entrevista publicada en Página 12 en 1998 a Alfredo Astiz, el genocida no muestra remordimientos ni lamentos: “Yo no las traicioné, porque no era uno de ellas y me di vuelta. Yo lo que hice fue infiltrarme, y eso es lo que no me perdonan. Cuando me acusan de otras cosas me enojo, pero de eso me río”.

Además, la periodista Gabriela Cerruti le preguntó si no sintió asco de pensar que traicionó a un grupo de madres que pedían por sus hijos, a lo que Astiz respondió: “Eran montoneras. Yo respeto a los que piden por sus hijos desaparecidos, pero las Madres lo usan para comerciar, por dinero o por política”.

Las personas marcadas por Aztis fueron torturadas y asesinadas en uno de los famosos vuelos de la muerte. En estos, arrojaban a las víctimas al mar atados a una gran roca que hiciera de peso para que se ahogaran vivos. Algunos de los cuerpos fueron encontrados en 1977, en las orillas del mar entre Santa Teresita y Mar del Tuyú, pero fueron enterrados como NN en el cementerio de General Lavalle. En 2005 se dieron a conocer luego de investigaciones forenses, que seis de las personas enterradas sin identificación eran  María Ponce de Bianco, Esther Careaga, Alice Domon, Léonie Duquet, Ángela Auad y Azucena Villaflor. Todas se encuentran enterradas en el patio de la iglesia, menos Villaflor, ya que sus cenizas fueron esparcidas por toda la Plaza de Mayo.

Esta guerra declarada por los militares en contra de su propia bandera sigue dejando sus secuelas. Tal es el caso de Julio López quien fue secuestrado y torturado durante la dictadura, liberado, y actualmente desaparecido nuevamente luego de declarar en un juicio en contra del represor y ex Director de Investigaciones de la Provincia de Buenos Aires, Miguel Etchecolatz, en 2006. Por eso, el intento de sanar una herida abierta hace 39 años a nuestro país sigue vigente.

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